domingo, 27 de abril de 2008

Volviendo al campo

Por David Wapner

Volviendo al campo,
No entiendo adónde empieza y en dónde termina:

El campo es el resultado de la muerte de una alfombra:
La alfombra de la especie más grande ha muerto y se pudrió.

Todos los bichos del mundo nacen de esa muerte
Y de la alfombra no queda más que la idea que se tiene de ella:
Que es el campo, que la alfombra es el campo,

Y el campo, ya lo dijimos,
El campo está muerto.


Pobre vector.
pobre linea del campo,
que no flota, ni pisa, ni excava:

¡Pobre vector del campo,
pobre sombra que se quema,
porque el sol es malo y no perdona!

Pobre rayo que cae de arriba,
pobre abajo,
¡el vector del campo!

Campo, hijo,
campo verde como una botella,
verde de esa raza de animal extinto
que se llamaba campo,
y quedó así, cortado de cuajo,
culo abierto al cielo,
a la buena de Dios.

Coraza del campo,
pampa del zapallo reducida por
cascos, ruedas, palas,
en pos de una hazaña
que nadie entiende hasta hoy,
¿por qué hubo que aplastarel suelo mítico
de la vieja infancia?

sábado, 19 de abril de 2008

Acábenla con eso de "la bandita de Puán"

(Suplemento Ñ, 19/4/08)
Kohan reivindica el papel de la Facultad como formadora de lectores y sale al cruce de algunos intelectuales que cuestionan a la academia.

Por Martín Kohan

Trabajo en un institución de formación de lectores. Es uno de mis diversos trabajos: soy docente de la Universidad de Buenos Aires. Yo mismo me formé ahí, cuando era joven, con profesores como David Viñas, Ricardo Piglia, Susana Zanetti, Josefina Ludmer, Noé Jitrik, Beatriz Sarlo, Nicolás Rosa, Enrique Pezzoni. Es un espacio de formación de lectores, es decir un espacio que apunta a hacer de la lectura un objeto de deseo y una práctica sostenida. En él circulan lecturas diversas, o divergentes, o contrapuestas; pero también hay un horizonte compartido y es lógico que así sea. Por supuesto que existen muchas otras maneras de hacerse lector y de adiestrarse como tal, y que en cada una de ellas podrán señalarse ventajas y desventajas; pero en cualquier caso me parece relevante que el Estado sostenga un ámbito de preparación para las lecturas literarias -para esas lecturas y para la escritura de esas lecturas- como parte del sistema de educación pública, que por otro lado tan agredida se ha visto durante la década de los noventa.

Esto que digo es tan obvio que presumo que cualquiera podría compartirlo. No obstante, por raro que parezca no siempre es así. En algunos circuitos literarios, o al menos desde algunas de las voces que se hacen oír en ese circuito, un trabajo como el que yo realizo en la Universidad de Buenos Aires es visto como deshonroso, como perjudicial, como frustrado y como frustrante, como digno de lamentación; se dice "académico" con un matiz peyorativo que se da por descontado; se habla de Puán (Puán es la calle donde se ubica la facultad) como un nido de conspiraciones corporativas (el filósofo Feinmann habló alguna ez de "la bandita de Puán") o como un lugar de retrasados mentales ("el cotolengo de Puán", ha dicho Fogwill varias veces).

Trabajo, como digo, en una institución de formación de lectores. Lo considero un buen trabajo; sobre todo si la vocación de docencia está vigente, como es mi caso. El intercambio con los estudiantes y con los compañeros sirve a menudo de estímulo, y no deja de ser un buen medio para dedicarse de pleno a la literatura. Hay que decir igualmente que muchas cosas podrían y deberían mejorarse, y que en las condiciones generales en que el trabajo se desarrolla suelen ser bastante desfavorables. Hay problemas edilicios, limitaciones en el equipamiento, desigualdades, taras administrativas. Las remuneraciones son casi siempre escasas, a veces son un tanto humillantes y a veces son sencillamente nulas (a veces no pagan nada: nada de nada).

Espero no equivocarme si juzgo que, acaso por compensación simbólica, lo que prevalece socialmente es el aprecio por este trabajo. Pero el menosprecio que se manifiesta a vece entre gente de letras llamativamente, puede deprimir un poco y requerir alguna paciencia.

miércoles, 26 de marzo de 2008

Sobre el paro del campo

Por Patricio Erb
En el mismo momento que la Presidenta comenzó su discurso, estaba laburando en la presentación de los seminarios del Movimiento Productivo Argentino, que encabeza Duhalde. Con el interés de entrevistarlo uno de estos días, me puse a charlar con una de sus asistentes acerca de cómo el tipo que fue protagonista del tsunami neoliberal de los noventa, corría por izquierda al Gobierno que se autoproclamó (con cierto mérito, pienso) como "el progre" dentro del peronismo. "Salario ciudadano, distribución de tierras, derechos humanos ampliados", fueron las palabras que utilizó Duhalde, sacada de los mismísimos denominados "socialistas utópicos" europeos que plantean una profundización de la socialdemocracia, para su retorno a los medios. Fue a partir de esa charla informal que mantenía con la colaboradora del ex Presidente, que llegamos a conversar del Gobierno. "Qué torpeza política la de Cristina; unir a SRA o a CRA con la FAA", dijé exagerademente crítico. Eso me llevó a plantearle la contradicción que saltan de manera constante en el Gobierno, que abiertamente respaldo: ¿Por qué carajo no hablan de los pool de siembra adminstrados por fideicomisos formados por multinacionales que llevan adelante una nueva concentración de tierras? ¿Por qué no le dan pelota a las propuestas de la FAA que impulsa políticas distributivas agrarias? Pese a que mi primera reacción es decir "qué estúpidos", siempre termino diciéndome que acá no existe ningún idiota.

martes, 10 de julio de 2007

David Wapner, una entrevista



David Wapner es poeta, músico y artista plástico. Dsede ya mucho tiempo vive exiliado en Israel. Hace poco publicó en la Argentina Una novela de mil páginas. Acá, respondió algunas preguntas que le hice por mail.

Terra, ¿cómo estás? Estuve sin línea telefónica, hoy emerjo. Aquí va la entrevista, fijate, decime qué te parece. Van dos fotos, una de mi actuación últina en Zaragoza, la otra (del fotógrafo italiano Andrea Pandini), leyendo en la presentación de Una novela de mil páginas, en el Bucowski Bar de Madrid. Un abrazo, recibí la invitación de la presentación de tu libro, lo espero,
otro abrazo, David.


¿En qué año te mudaste a Israel? ¿Cuál fue el motivo? ¿Qué pasaba en la política argentina en ese momento?

Un antivizcachismo acérrimo, "nunca te hagás amigo del juez, aunque te vaya para el culo", signó mi conducta desde que recuerdo; conozco el precio del sometimiento a este principio, y no me quejo. Pero me quejo: las cosas me habrían sido más fáciles, el correr la coneja tantos años va dejando marcas. Ana (mi esposa, la artista Ana Camusso) es, en eso, bastante parecida a mí, y fue así que hace diez años nos sentimos muy cansados y decidimos irnos al único país posible para nosotros: pasajes pagos, subsidios durante un tiempo importante, ciudadanía automática. Llegamos a Israel el 30 de abril. Fuimos, en ese momento, adelantados, vanguardia a nuestro pesar, de la desbandada argentina de víctimas del menemismo.
La diferencia con los que vinieron después es que nosotros no habíamos perdido el dinero de nuestra cuenta bancaria, ni propiedades, ni quebrado en el comercio, nosotros no teníamos nadad de nada, salvo libros, carpetas, e instrumentos de trabajo. Trabajo, lo único que había eran los cuentos que yo publicaba en Anteojito; cuando cobraba, pagábamos los alquileres atrasados, el gas, la luz, teléfono, la obra social, y no quedaba para comer. Hicimos gráfica, cerámica, dimos clases particulares, todo efímero, sin resultado económico. En 1995, creo, Página/12 tiró 30.000 ejemplares de mi novela "La Noche", pero yo de eso no vi un centavo, un par de años antes yo había vendido por chirolas mis derechos a Libros del Quirquincho. Eran los años de Menem, Cavallo, María Julia, toda esa basura. Yo sufro de un problema de salud crónico, dependo de medicación, y no quedó otra alternativa que irnos, Ana, Chiflón (que se fue hace un año, ya) y yo, cuando finalizaba marzo de 1998.
¿Cómo fue tu inserción en ese país?
Siempre atada con alambre, siempre comenzando de cero. Miles de chicos pasaron por nuestros talleres de escultura para niños, basados en una técnica sui generis relacionada con el papel maché, pero más directa: papel de diario y plasticola. También, ramas de árbol y telgopor. Los israelíes se volvieron locos con nosotros y nuestro invento, y durante los tres o cuatro primeros años creíamos, con fundamento, que nos iría muy bien en el nuevo país. Pero, no, siempre estábamos en el mismo punto, y llegábamos al mismo techo, y regresábamos al suelo para volverá a emprender la de Sisifo, nuestro esfuerzo servía sólo para engrosar el currículum de los otros.

No puedo hablar de inserción, porque el estado de Israel le tiene reservado al inmigrante judío (el olé, el que asciende a la tierra prometida) otro proyecto, otro concepto: la absorción. El "absorbido" es funcional a un statu quo según el cual, el inmigrante debe cumplir un rol subsidiario y hacer todos los trabajos que los nativos, los sabrás, no quieren hacer. Según este punto de vista, el inmigrante no compite y nunca levanta cabeza. En un curso de hebreo que tomé hace ya varios años, conocí a una doctora en física rusa, que, cuando existía la URSS, trabajo para la industria aerospacial, y ahora limpiaba casas. Miles de casos como esos; por supuesto, hay excepciones notorias, muchas de las cuales, hacen gala de un vizcachismo militante. Nosotros no encajamos en ninguno de estos modelos, ¡queríamos llegar con la fuerza de nuestro talento! Ahora, que estamos desesperados, no podemos creer lo ilusos que fuimos.

¿Qué pasa allá ahora que Sharón no está en el gobierno?
Todo lo que pasa en la política israelí ahora ya estaba pensado por Sharón: desmoronamiento de la Autoridad Palestina, precedida por el ascenso al poder del movimiento islámico integrista Hamos y derrota total del movimiento laico Fatal, desmadre y guerra civil entre palestinos, potenciación del sentimiento de inseguridad en la ciudadanía israelí. Creación de caos, y estímulo a las condiciones que lo crean, como "teatro de operaciones" para gobernar. Aprovechamiento de las fallas garrafales de la estrategia espejo de los palestinos, esto es, extremar las condiciones objetivas para lograr la toma del poder, o, traducido al pensamiento palestino y pan islámico, "expulsar al enemigo sionista de las tierras que pertenecen al pueblo árabe".

Sharón sabía que esta estrategia suicida iría a llevar a los palestinos a su destrucción, y por eso los dejó hacer, y más de una vez les abrió las puertas de casa, aún a costa del sacrificio de centenares de sus propios gobernados. Guerra, terror, inseguridad, las claves para liquidar lo que sobrevivía del estado de bienestar e implantar el neoliberalismo. Lo que no sabía Sharón, que era un estratega militar, era que iría a caer en coma, y que su sucesión sería asumida por una caterva menemista en traducción israelí, compuesta por mafiosos, ladrones, estafadores, criminales. violadores, delincuentes de toda calaña y ralea, y, de yapa, torpes e ineptos.

¿Cómo afecta tu proceso creativo este exilio?

Hace tanto tiempo que estoy aquí, nueve años y medio, y escribí tanto durante este lapso de tiempo, que no puedo precisarte qué aspecto especifico de mi proceso creativo se vio afectado. Y más, siendo yo un escritor para el cual el entorno no es un factor esencial. Es verdad, al principio sentí un cimbronazo, el lugar al cuál había llegado (una ciudad en medio del desierto) era tan diferente a lo que conocía, Buenos Aires, Montevideo, el aire era tan caliente —quemaba—, y el idioma, que no sólo era el local, sino, en paridad con el hebreo, el ruso.

En el laboratorio de idioma, el "ulpán", eran todos rusoparlantes, salvo dos argentinos, Ana, yo, y Ferenc Brandl, un coreógrafo eslovaco-húngaro, que fue nuestro mejor amigo. En medio de la clase, Feri estudiaba y tarareaba partituras, apuntaba ideas, dibujaba pautas de coreografías que iba imaginando. Eran trabajos, encargos, según me enteré poco más tarde (cuando supimos decirnos algo más que "¿café?"), que debía entregar a compañías de danza de Bratislava y Budapest. El desplazamiento físico no había quebrado, en apariencia, la continuidad de su trabajo. Yo también había traído conmigo "tareas", de la Argentina, pendientes para Anteojito, pruebas de un libro (Interland) para corregir, y me agarré de estos como enlace entre dos mundos. En forma paralela, escribí una serie de poemas que, aún hoy, los leo y digo, jamás los voy mostrar. El estudio del hebreo -parecíamos un jardín de infantes-, las invencionescon Ana, la correspondencia con Ezequiel Alemian y Sebastián Bianchi, y la puesta en marcha del Correo Extremaficción, fueron los motores de mi nueva etapa en Medio Oriente. Aquí, no sólo escribí mucho —y publiqué allá—., sino que hice cosas nuevas, como los cortos de animación con Ana, por ejemplo. Y tuve una nueva aproximación a la música, que a su vez influyó en lo que escribí. Esto se dio acá, no se qué hubiera sucedido allá, de haberme quedado.

¿Cómo fue la escritura de Una novela de mil páginas?

¿Qué te puedo decir? La escribí todos los días, durante más de un año, lapso durante el cual también trabajé en otros textos. Depende de las condiciones que me imponía cada página, cada una de las mil, escribía una, dos, tres, cinco, algunas veces más, por jornada. Cada página de ficción me exigía tanto como una "de veras", o más; cada una tenía la concentración de un poema en prosa. Cada milésima del libro en progreso retenía un fragmento de un suceso mayor, cuyas ramificaciones hacia el pasado o el futuro me eran invisibles. Pero podía entender que el producto de mi extracción, aunque azaroso, era significativo y valía el esfuerzo de comenzar una y otra vez, hasta llegar a mil. Me sentaba a escribir siempre tarde, a las 11 de la noche, o después, pero muchas veces me convenzo que "Una novela de mil páginas" se escribió a las 21. No se por qué, pero a veces estoy seguro. Y se que no fue así.

¿Cómo es la situación de publicar en Argentina y vivir en Israel?
No m e puedo quejar, desde que me fui publiqué un promedio de un libro por año, en su mayoría para chicos; a veces tengo la sensación de que me va mejor estando afuera que adentro. Pero hay un desdoblamiento, nunca se con exactitud qué está pasando del otro lado, en la parte del planeta en donde publico, y eso, aunque me escriban, y me cuenten cómo avanza (a veces, retrocede), el proceso de edición, circulación, o lectura de mis libros (comentarios, reseñas); aunque me entere por la internet, o por los recortes que me mandan editores, amigos o familiares. Aunque reciba los ejemplares impresos que me corresponden, los cuales guardo en un estante de mi biblioteca (o en un bolso que fue de mi vieja), y que aquí no han de circular, aunque reparta algunos: se me escapa algo, que queda en la Argentina, y nadie me sabe contar.

Tus crónicas de la guerra fueron muy leídas en Buenos Aires. ¿Cuál es lasituación en este momento?

A este gobierno le queda poco tiempo, menos de un año, la oposición lo va a voltear en marzo, como máximo. Entre tanto, ante la incapacidad de resolver los problemas reales, con los palestinos y con los propios israelíes, están tanteando varios posibles frentes de guerra. A Siria le tienen ganas, pero, como al gobierno de Bush, el único que podría apoyar a Israel en esta aventura, le queda menos tiempo aún, es difícil que se de, aunque, del mismo modo, Olmert y los suyos es capaz de mandarse una estupidez semejante. Luego está Irán; Israel es el principal impulsor de un ataque a la central atómica iraní, y aquí también, el tiempo le juega en contra, porque Bush tiene menos tiempo aún. Por último, el Líbano, la Hizballah. La última guerra tuvo como resultado el descabezamiento de la cúpula militar, y el descrédito total de la clase política que la alentó, casi por unanimidad. Técnicamente, fue una derrota, y se quedaron con ganas de revancha. Y como aquí no existe una oposición verdadera, y la opinión pública continúa entre inerte y confundida, como el único sector que tiene capacidad de movilización y convicción ideológica es la derecha nacionalista religiosa, como la izquierda no existe, nadie se opondría seriamente a una segunda vuelta, a una tercera guerra del Líbano. No creo que este gobierno esté en capacidad para afrontarla, pero como recurso de emergencia, la posibilidad existe.

¿Cómo sigue tu año de trabajo?

Ahora, lo primero, es operarme de la cadera; llevo prótesis, reemplazo completo, desde hace 20 años (15 y medio la actual), y me la disloqué mientras ensayaba para mi último viaje a España, que realicé sin autorización de los médicos. Tras el postoperatorio, que es largo, espero estar a punto para viajar de nuevo, estoy invitado a un festival en Huesca, Aragón; pagan todo, pagan bien, tengo que ir. Pensando en eso, tengo que terminar nuevas canciones, sacudir viejas, agitar las "Canciones para perros". En el último viaje se habló de grabar un disco; mientras tanto, pienso sacar un CD de edición limitada con material que grabé en vivo, en Zaragoza. Estos serían mis primeros álbumes con mi música, el master del disco de Gutural, que grabamos en los 80, se perdió en algún lugar de Brasil, donde iba a ser mezclado por un supuesto ingeniero de sonido de Egberto Gismonti. Tengo que revisar dos libros, uno de raros poemas para niños, "Pitos y creyendas", y vérmelas con material que, cada tanto, subo a Mardagobio Globo. Hasta fin de año, saldrán dos libros más, en una editorial cordobesa, Comunicarte, "Pajarraigos" y la novela Icaro, para mí, muy, importante. En noviembre, participaremos con Ana, y nuestros cortos, en una muestra colectiva, aquí, en Bat-Yam. Entre tanto, con tanto trabajo, no se de qué voy a vivir, el trabajo aquí está muy podrido, salvo los ajedreces que hacemos con Ana para nuestro único cliente, no haya nada. Ah, y me tengo que preparar para cumplir cincuenta.

sábado, 7 de julio de 2007

Apuntes sobre el futuro

Por Juan Terranova
La pregunta ya no es –como alguna vez planteó Ricardo Piglia, en respiración artificial– quién de nosotros escribirá el Facundo. Por otra parte, una pregunta argentina y válida, desde el momento en que nadie en Italia pregunta quién de nosotros escribirá la Divina Comedia. La pregunta hoy es quién llevará a cabo la actualización doctrinaria del peronismo, quién va a poner, por lo menos de palabra, la bestia al día. Porque mientras esto no suceda, seguimos derivando, más o menos bien si cierran los números, con revueltas y tiros si no cierran. Porque el síntoma es claro: la sociedad en todo caso va hacia una polarización. Mejor dicho vuelve a una polarización. En el monótono, muy peligroso y ridículo menemismo todo era más o menos la misma historia. Fair is foul, foul is fair. Pero con Kirchner es diferente. Asomaron los gorilas viejos, otros se reciclaron, y también se criaron o se van criando los nuevos, mientras las torres del peronismo se llenan de disfrazados. Y eso se va a ir modificando en el sentido de que se va a ir acentuando. Simplemente porque la política argentina es así. Si se acorta la brecha del desempleo, desafío lo suficientemente complejo como para tenernos bien ocupados por veinte años, vamos a volver a tener una sociedad polarizada alrededor de los mitos del peronismo. Y ahí te quiero ver, porque blanco sobre negro van a reaparecer aquellos que están con los trabajadores y aquellos que no lo están por motivos tan disímiles como la elegancia, el capital, la tradición o leer a Marx.

lunes, 2 de julio de 2007

Final de la licencia de RCTV, final del periodismo independiente... ¿De quién?


Por Nicholas Hierba

“Libertad de expresión”, “libre circulación de información” o “periodismo independiente” fueron algunas de las frases utilizadas por distintos sujetos sociales para criticar la decisión del Gobierno Bolivariano de Venezuela de no renovarle la concesión a Radio Caracas Televisión (RCTV). Sin embargo, dentro de las opiniones esgrimidas por periodistas televisivos, radiales o de la prensa gráfica jamás se escuchó o se escribió siquiera una palabra sobre las restricciones que todos los días imponen los oligopolios de la comunicación a los trabajadores de prensa.

Tanto el Parlamento Europeo como el Congreso de los Estados Unidos manifestaron su “preocupación” por la decisión del presidente de Venezuela, Hugo Chávez, de no renovarle la licencia a RCTV. Sin embargo, ninguno de los legisladores de ambos continentes puso sobrerelieve el fortalecimiento del espacio público radioeléctrico que se obtenía con la política adoptada; ningún dirigente político de la Comunidad Europea manifestó lo que puertas adentro tanto defienden: la presencia del Estado en la radiodifusión.

En Argentina, el diario de mayor tirada del país que, casualmente, es la cabeza del multimedios Clarín (propietario de los medios gráficos Clarín, Clarín.com, La Razón, Olé, Los Andes, La Voz del Interior; de los medios audivisuales Canal 13, Todo Noticias, Volver, Radio Mitre, Canal 12, Pol-ka Producciones, Patagonik Film Group, TyC Sports; y que además cuenta con empresas en áreas de Internet y telefonía, de distribución de televisión por cable y otras actividades de contenidos) criticó furibundamente la decisión de Chávez de no renovarle la licencia a RCTV.

Sólo el editorialista de la Sección Internacionales de Clarín, Oscar Raúl Cardoso, se permitió manifestar (después de iniciar la nota burlándose del “estilo” del canal de noticias estatal Telesur), que la decisión chavista “podría haber sido formalmente administrativa y judicial como demanda la ley vigente”. Asimismo, el periodista del “diario del pueblo argentino” destacó valientemente (vale reconocerlo) que RCTV fue “cómplice en la conspiración contra el orden constitucional (en abril de 2002) que implicó el golpe que intentó colocar al frente, más como muñeco de torta que como potencial estadista, al empresario (petrolero) Pedro Carmona Estanga”.

A la parcialmente destacable editorial de Cardoso le hubiera faltado plantear el papel que cumplen los medios de comunicación privada en latinoamérica, los cuales se caracterizan por su concentración, la precarización salarial de sus trabajadores, la censura explícita e implícita, la restricción de información y, sobre todo, la realización de un periodismo portavoz de determinados intereses económicos.

Remarcar las miserias de los medios de comunicación privados es importante para evitar caer en el monopolio del mercado. Asimismo, es necesario plantear que cuando Chávez alcanzó la Presidencia (gracias al 63 por ciento del voto popular), Venezuela carecía de un servicio público importante de radiodifusión. Antes de la inauguración del canal noticioso Telesur, la información periodística sólo provenía de tres grandes cadenas: Venevisión (del conocido grupo Cisneros), RCTV y Glovovisión.

Mientras que Venevisión moderó las críticas al gobierno (la renovación de la licencia tuvo mucho que ver en eso), Glovovisión –único canal de noticias que transmite las 24 horas- mantiene su postura antichavista acérrima de siempre; situación que no conllevó al presidente elegido democráticamente a realizar ninguna acción anticonstitucional, tal como sucedió con el Golpe de Estado que intentaron ejecutar los grandes grupos económicos de Venezuela el 11 de abril de 2002, con respaldo no sólo de la administración de George W. Bush, sino también con el respaldo de los mismo medios de comunicación que se escudan en la “libertad de expresión”, “la libre circulación de información” y “el periodismo independiente”.

jueves, 28 de junio de 2007

Gorillaz



Por Juan Terranova

La tapa dice Manual del antiperonismo ilustrado y viene firmada por Claudio Díaz. Pero más allá de las ilustraciones, que son reales y tienen un trabajo de archivo importante, el "antiperonismo" del título no aparece por ningún lado. Más bien todo lo contrario. El manual agarra, entonces, por la cola al lector desprevenido y vuelve con argumentos conocidos sobre las virtudes y logros del peronismo histórico, ese que la nostalgia sitúa en el pico de industrialización nacional entre el ‘45 y el ‘55. Intentando la actualización de viejos estribillos, humedeciendo la pompa justicialista con títulos y subtítulos que aluden a la cultura pop, Díaz renueva esa verdad inapelable –“Nuestra historia política es la contradicción entre despotismo ilustrado y soberanía popular”–, pero lo hace con las desafiladas herramientas de siempre, atacadas por el óxido y melladas por el tiempo.

Si el título tiene una trampa, y eso es ingeniosa novedad porque el libro es de entrada fervientemente peronista, los argumentos son conocidos: Sarmiento era un brazo de la oligarquía, los unitarios eran todos agentes ingleses, los intelectuales de izquierda son funcionales al poder central y de ahí en adelante. Sazonando con información irrefutable el conocido vocabulario de la colonia y la emancipación popular, Díaz denuncia a los intelectuales por “vendepatrias” y reivindica logros que ya entraron en los libros de la historia oficial, aunque él se empecine en coronarlos “la otra historia”: “Como con Rosas –escribe Díaz–, la época peronista no es analizada objetivamente. Se la niega en bloque, se la condena sin juicio previo: es una tiranía, nada más ni nada menos que eso”. ¿Es para tanto? ¿No pelea Díaz contra fantasmas discursivos? En todo caso las siluetas que dibuja resultan menos anacrónicos o irreales que rancias.

Más interesante como artefacto que como libro de historia, compilación de síntomas antes que reflexión, este falso Manual del antiperonismo ilustrado nunca abandona la voz militante, un poco torpe, del historiador nacional y popular que se indigna frente al abuso de los poderosos. Destinado a confirmar ideologías antes que a debatirlas, el libro cierra un puerta y se atrinchera, lejos de la tensión que genera la crítica, y su indispensable hermana menor, la autocrítica.

Otro manual. El mismo 1964 en que los Beatles alcanzaban su primer número uno con la canción I Want to Hold Your Hand y, en Dallas, se declaraba a Jack Ruby culpable del asesinato de Lee Harvey Oswald –quien a su vez era el principal sospechoso de la muerte de Kennedy–, en Buenos Aires salía a la venta un libro curioso. Treinta y tres años más tarde, se reedita hoy el Manual del gorila, con textos de Carlos del Peral y dibujos de Kalondi. Mezcla violenta de géneros bastardos como la encuesta, el test, la entrada enciclopédica apócrifa y el panfleto, Manual del gorila es un libro estimulantemente híbrido.

Su primera parte, titulada "Historia de los gorilas", universaliza la alegoría política más allá de los límites geográficos y temporales de la Argentina del siglo XX. Desde la antigüedad grecolatina hasta las carabelas de Colón, el recorrido, previsiblemente, tiene su “epifanía” en la década del cuarenta: “En el apogeo el gorila es feliz. Vive rodeado de cáscaras huecas y huesitos en un hábitat en perpetuo deterioro. Considera que el subdesarrollo se resuelve con la mendicidad; mantiene un orden social a lo Pirro malvendiendo petróleo o lo que sea y aceptando las condiciones demoledoras del Fondo Monetario”.

La segunda parte del libro, titulada "El pensamiento vivo del gorila actual", describe, con sorna, los gustos de la pequeña burguesía argentina: sus caprichos políticos, el amor por los autos lujosos, su cristianismo hipócrita, la debilidad por el dinero y su paranoia de clase. Acá brillan los aforismos: “El gorila experimentado puede, con un simple pestañeo, dejar de ver cualquier realidad que lo perturbe”; o las listas que a veces rozan el absurdo en, por ejemplo, la “Teoría de la flor exquisita” donde se afirma que “a) Una gorila es una flor exquisita” y “b) Las flores exquisitas o gorilas son el centro natural de todo”.

Animales sueltos. Si el libro funciona bajo un procedimiento simple –la extensión de la alegoría política–, el humor constante acompaña uno de sus aciertos más claros: nunca develar este código en forma directa. Aunque no pocas veces es explícito, las declaraciones afirmativas no aparecen. Los enemigos de los gorilas son el comunismo –una entidad siempre ironizable, cuando no directamente ridícula– y, como mucho, “lo subversivo”. La palabra “peronismo”, de hecho, es usada sólo una vez, en una taxonomía que diferencia: a) gorilas que persiguen peronistas, b) gorilas que persiguen nacionalistas, c) gorilas que persiguen comunistas y d) gorilas que persiguen sus propias colas.

Así, el peronismo sobrevuela tácito estas páginas. Por contraste, su presencia vibra en cada pelo que se describe y se ubica en el mapa político argentino. Manual del gorila en ningún caso es identificable como un Gorilismo para principiantes o Antiperonismo for dummies. La línea que baja hace del libro un objeto jugado políticamente. Y más allá de su trazado partidario, hay una antropología real en sus páginas. ¿Vale la pena preguntarse por qué se reedita este libro? ¿Revela el gesto una idea? Manual del gorila es un libro fechable, incluso nostálgico, pero no por eso desprovisto de reflejos en la actualidad. Los gorilas y sus cazadores son ambos una fauna desprolija y pasional que, después de la plácida y confusa década del 90, vuelve, de a poco, a entrar en vigencia.